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El lado positivo de la competitividad

El lado positivo de la competitividad

En nuestra sociedad, ser competitivo es algo que se fomenta casi cada día, y desde la infancia. Y la competitividad es algo que, en ocasiones, suele verse de manera negativa o desagradable, ya que muchos la asocian al narcisismo, la envidia o la avaricia.

Pero tener competitividad no tiene por qué significar trepar por encima de otros, lograr el éxito cueste lo que cueste sin importar las consecuencias o tener que quedar siempre el primero o por delante de otros. Es más, la competitividad es algo que muy a menudo es totalmente inevitable, y es algo natural en el ser humano.

A pesar de ello, muchas personas se sienten incómodas tanto con su propia competitividad como con los pensamientos competitivos que tienen. Y esto ocurre por esa negatividad con la que se ve. Pero es posible, y además es muy saludable, ser competitivo directa y limpiamente, y además puede ser incluso recomendable. Al fin y al cabo, esa competitividad sana hace que sepamos lo que queremos. Y saber lo que se quiere es una de las claves para conocerse mejor a uno mismo.

La competitividad no discrimina
El problema que se suele encontrar cuando se es competitivo es que esta competitividad se da tanto con personas que no se conocen o que no son importantes como con las personas más cercanas como son la familia y los amigos. Cuando se trata de personas que no nos importan tanto es más fácil aceptar los pensamientos competitivos, pero no se aceptan tan fácilmente cuando son personas más cercanas y allegadas. Y esto último hace que tratemos de ocultar o disfrazar esa competitividad, algo que puede hacernos daños tanto a nosotros como a las otras personas. Cuando se intenta ocultar o suprimir ciertos sentimientos, de una u otra manera terminan afectando negativamente.

Sentirnos cómodos con nuestra competitividad
Es importante que seamos capaces de no sentirnos incómodos con nuestros pensamientos competitivos. Al admitir lo que sentimos y pensamos, y al admitir que no dependen de nuestras acciones, podemos sentir aquello que sentimos y elegir nuestro comportamiento con libertad. Si aplicamos este principio a nuestra competitividad evitaremos muchos de los aspectos negativos de la misma como son los celos, la abnegación, el cinismo o el odio hacia nosotros mismos.

Además, la competitividad nos lleva a buscar la autosuperación cuando vemos al contrincante como un punto de referencia y no como un rival, haciendo que las personas puedan superarse a sí mismas y lograr metas en común, ya que ser competitivo no es incompatible con el compañerismo, la colaboración y el trabajo en equipo. De hecho, ser competitivo no significa que se tenga que ser mejor que el otro, sino ser mejor de lo que uno mismo es.

Y también es posible que en lugar de pensar en tener más que el otro, en lo que se piense sea en que la propia vida sea más plena, y se viva mejor.

Por eso, la competitividad no es mala siempre que se piense en lo que se quiere lograr para uno mismo y no en lo que queremos que otros pierdan o en quedar por encima de los demás. Para eso debemos saber hacer frente a los fracasos y a las dificultades mirándonos a nosotros mismos para buscar qué es eso que impide que nos superemos, sin caer en la tentación de responsabilizar de ello a factores externos que no nos dejen percibir la realidad de la situación.

E incluso cuando existan esos factores externos, forman parte del juego así como el buscar la manera de superarlos esforzándonos por buscar una solución en lugar de quejándonos.

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