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Los caprichos de los niños y qué no debemos hacer

Los caprichos de los niños y qué no debemos hacer

Es normal que a cierta edad los niños tengan caprichos, pero lo que se aleja de la normalidad es que esto se alargue en el tiempo, ya que más o menos a los 5 años de edad el niño debería haberlo superado. El que la actitud caprichosa de un niño se prolongue o no depende en gran medida de la manera en que los padres encaren estas situaciones.

Los caprichos pueden ser interpretados de diferentes maneras. La primera de ellas es como una necesidad de afecto, de manera que el niño traduce su necesidad afectiva a lo material. Da igual qué sea esa cosa que el niño quiere, pues su necesidad principal no es el tener esa cosa sino otra que aún no ha aprendido a expresar con palabras.

La segunda interpretación a los caprichos infantiles puede ser la búsqueda de referencias y de ubicación, mediante la cual el niño quiere saber qué es lo que puede y lo que no, a qué tiene derecho y a qué no lo tiene, y a qué límite puede llegar. Así, los ensayos son una prueba a través de la que el niño busca estar seguro de unas referencias a las que se encuentra vinculado.

Otra interpretación es la búsqueda de la autoridad paterna, utilizando los caprichos como pruebas para encontrar sus parcelas de poder dentro de la familia, con el fin de que sean lo más amplias posible. Pero en realidad ocurre lo contrario ya que cuanto más grandes son esas parcelas más inseguro se siente el niño al no saber manejar ese poder. Lo que realmente buscan es conocer el alcance de la autoridad de sus padres y de su capacidad para educarle.

Como se puede ver en las anteriores interpretaciones, el niño no busca esa cosa de la que se ha encaprichado, sino que lo que busca es educación, autoridad, afecto y conocer límites.

Como hemos dicho al principio, la actitud de los padres frente a los caprichos afectan a que éstos se prolonguen o no en el tiempo. Cuando se cede ante un capricho, puede deberse a los siguientes motivos:

  • Consentirle al niño. Se considera que la manera de demostrarle su amor es darle todo lo que pide.
  • Debilidad. No son capaces de decirle que no por miedo a que el niño utilice los berrinches para chantajearles, y ceden ante todo lo que les piden.
  • Comodidad. Siempre que el capricho no suponga ningún riesgo, acceden para que el niño no moleste.
  • Compensar. Los padres sienten que, de alguna manera, no están prestando la suficiente atención al niño, y lo compensan accediendo al capricho.
  • Condicionar. Se le da el capricho al niño a cambio de que se comprometa en alguna cosa.

Estas actitudes son erróneas. Pero esto no quiere decir que negarle los caprichos al niño sea la actitud adecuada. En los padres que ceden ante el niño, se dan actitudes que también se alejan de la respuesta correcta:

  • Autoritarismo. Le niegan el capricho al niño diciendo que no, y no hay más que hablar.
  • Comodidad. Si el capricho supone un riesgo, se niegan para no complicarse y no asumir la responsabilidad de dicho riesgo.
  • Engañar al niño. Acceden de palabra pero no le dan el capricho al niño, poniendo excusas para postergar el dárselo.

La actitud correcta sería saber interpretar el capricho del niño de manera adecuada y, generalmente, negárselo pero explicando en palabras simples, que pueda entender, por qué no. Esto se hace con serenidad y suavidad para que el niño no se sienta herido y, al mismo tiempo, con firmeza y seguridad para que le quede claro al niño y no insista. Los padres que tiene esta actitud saben también identificar cuándo el capricho, de manera excepcional, sí puede ser complacido.

Esta actitud ayuda a que el niño se integre en su papel en la familia de manera armoniosa, así como en la sociedad en un futuro, que es el objetivo principal de la educación que se le da a los niños.

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