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Seriedad y responsabilidad. ¿Son lo mismo?

Seriedad y responsabilidad. ¿Son lo mismo?

En la sociedad actual está muy extendida la idea de que ser serio es lo mismo que ser responsable, que son términos sinónimos. No son pocas las ocasiones en que vemos a personas con remordimientos y sintiéndose culpables por cosas que hicieron, o que decidieron no hacer, y que le dan vueltas y más vueltas a sus errores.

Esto ocurre normalmente porque a la gente no le resulta fácil reírse de sí mismas o de sus circunstancias, pues es algo que no nos han enseñado a hacer.

Pero también conocemos personas que siempre ofrecen respuestas en lugar de quejas, buenas noticias en lugar de aguar la fiesta, y que se muestran siempre sonrientes. Esto nos aporta una dosis extra de energía gracias a su positividad y optimismo. Y eso no significa que sean menos responsables o que cumplan menos que quienes van a toda prisa todas partes, intentan hacer el trabajo todo lo rápido posible, y por ello sufren estrés, Es más, incluso estas personas tan alegres y positivas pueden incluso ser más productivas en su trabajo.

¿Cómo lo hacen? Vamos a ver 5 consejos para ser responsables sin que eso nos evite disfrutar.

  • Aprender a ver el lado humorístico de las cosas. Saber ver el lado gracioso o la parte de humor de una situación no significa banalizar, frivolizar, ser irresponsable o no preocuparse por las cosas.
  • Saber relativizar. Algo puede estresarnos y preocuparnos un día, pero al día siguiente ser menos tremendo de lo que pensábamos. Por tanto, no es recomendable preocuparse en exceso porque seguro que en más de una ocasión nos hemos preocupado demasiado por cosas que luego no eran tan graves.
  • Saber disculparnos. Si cometemos un error no tenemos que pasar el tiempo sufriendo por ello, sino disculparnos y reparar el daño que hemos hecho. Nadie es perfecto y todos cometemos errores de los que aprender.
  • No poner el listón del perfeccionismo demasiado alto. Obsesionarse en exceso con el perfeccionismo sólo genera frustración. Y no podemos pasarnos el día tensando la cuerda. Hay que abarcar sólo aquello que podamos, y no forzarnos más de lo que podemos aguantar. Para comprobarlo se puede hacer una lista de todo lo que se hace durante el día y el tiempo que se le ha dedicado a cada cosa. Una imagen vale más que mil palabras, y algo tan simple como esto puede ayudar a entender cuándo se está superando el límite.
  • No malinterpretar a nadie. Cuando de verdad se nos hace o dice algo de manera malintencionada, no sirve de nada envenenar la mente con pensamientos negativos. Pero también puede ser que un exceso de susceptibilidad nos lleve a pensar algo que no es real. Y malinterpretar las cosas genera irascibilidad. Simplemente hay que pedir las cosas o las explicaciones sin acusar, sin mirar a la otra persona como si quisiéramos matarla y sin poner mala cara.

Todos tenemos que ser responsables, pero también tenemos que saber disfrutar y reír, siendo eficaces en lo que hacemos cada día pero al mismo tiempo disfrutando con ello. Eso nos ayudará a ser más creativos, a tener menos estrés y ansiedad, y a sentirnos mejor tanto psicológica como físicamente. E incluso puede que nuestra empatía con los demás mejore.

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