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Cómo manejar la frustración, en 6 pasos

Cómo manejar la frustración, en 6 pasos

Cualquier persona se puede sentir frustrada alguna vez, tener esa sensación de nudo en la garganta acompañada de impotencia y la sensación de que un muro nos impide salir corriendo. La frustración puede ser algo con lo que ya hemos salido de casa o que ha surgido en el trabajo o en clase tras una discusión, un problema con un jefe o un conflicto con algún compañero.

Sea cual sea la causa, tener dentro ese sentimiento y permitir que se acumule nunca es bueno.

El padre del concepto de inteligencia emocional, Daniel Goleman, considera que la capacidad de gestionar la frustración es una de las más importantes que tenemos si queremos lograr el éxito, e incluso más importante que tener un gran número de habilidades especiales.

Por eso, antes de arrojar la toalla, o de ponernos a gritar, puede ser necesario tener en cuenta una serie de consejos que, aunque no van a acabar con nuestros problemas, sí que nos ayudarán a manejarlos mejor.

  • Admitir la frustración. Algo tan obvio es, en todos los problemas, el primer paso: reconocerlo. La desilusión, los errores, los tropiezos… admitir algo no nos hace más débiles, sino todo lo contrario. La inteligencia emocional también significa reconocer tanto las emociones que sentimos como sus causas.
  • Autoconfianza. Si sabemos cuáles son nuestras habilidades, cómo aprovecharlas, y confiamos en lo que podemos hacer, es difícil que algo pueda hacernos caer. Hay que conocer nuestras capacidades y cultivarlas para mejorar y llegar más lejos.
  • Conocer los propios límites. Tan importante como reconocer nuestras habilidades es que sepamos hasta dónde podemos llegar. Esto no significa que seamos peores, o que no podamos mejorar aquello en lo que no somos tan buenos. Se trata de conocer los recursos que tenemos para lograr nuestros objetivos y saber aprovecharlos. Si conocemos nuestros límites, así como nuestras virtudes, los tropiezos no serán tan duros.
  • No tomárnoslo como algo personal. ¿Quién no ha recibido una regañina casi a gritos de un jefe? ¿Quién no ha tenido una discusión acalorada con un compañero de clase o del trabajo? ¿Quién no ha discutido con la pareja o con un familiar, y uno de los dos (o ambos) han alzado la voz? Y no por eso tiene que significar que nos odian. Un arranque de ira, ya sea ajeno o provocado por una circunstancia en la que está involucrada otra persona, no tiene por qué ser algo personal, por lo cual no debemos tomarlo de esa manera.
  • Redefinir la estrategia. Las personas que fracasan son aquellas que toman cualquier bache o problema como una señal de que no deben continuar. En la inteligencia emocional se considera que una caída es una oportunidad para aprender, para analizar lo que no ha salido bien y reajustar la estrategia para resolverlo. Quedarnos con lo que nos sirve y dejar de lado lo que no, ayuda a que la estrategia sea más efectiva.
  • Meditar. Más de uno se sorprendería si supieran la cantidad de gente de éxito que practica la meditación cada día. Por mencionar sólo un ejemplo, Oprah Winfrey. La meditación no sólo ayuda a mantenernos serenos, sino a tomar autoconciencia y, así, saber controlar mejor nuestras emociones.

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