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La importancia del tratamiento psicológico para pacientes con enfermedades crónicas

La importancia del tratamiento psicológico para pacientes con enfermedades crónicas

En las personas que padecen enfermedades crónicas o de tipo degenerativo, el tratamiento psicológico es necesario en la medida en que tanto el diagnóstico como la manera en que el paciente maneja su enfermedad puedan afectar a la vida diaria de la persona y de su familia.

Cuando se produce el diagnóstico, la necesidad del tratamiento psicológico surge del impacto que supone la noticia a nivel emocional, mientras que en el desarrollo y evolución de la enfermedad crónica su importancia procede de las consecuencias psicológicas que conlleva el tener que convivir con la enfermedad, las limitaciones a nivel físico o psicológico, o la necesidad de medicación.

Cada enfermedad crónica es diferente y tiene su gravedad y sus repercusiones a nivel personal, familiar, laboral y social. Pero en todas ellas la necesidad de terapia psicológica depende de la personalidad de la persona que la padece y de su capacidad para afrontar y resolver los problemas.

Como hemos comentado, el momento del diagnóstico suele ser un momento bastante duro y complicado, ya que surgen emociones como la incredulidad, el miedo, la ansiedad y la rabia, que se mezclan junto con el deseo de negar lo que está ocurriendo y pensar que en realidad no es cierto. También puede surgir la idea de que la vida va a cambiar de una manera tan brusca que se tiene que renunciar a todo lo que se hacía antes de enfermar, y que las cosas ya no volverán a ser iguales. Todo esto provoca un impacto emocional y psicológico que hay que reducir todo lo posible para que el paciente lo afronte de la mejor manera posible.

Y para ello es fundamental contar con una información realista, que evite el error de buscar información en Internet que no siempre es correcta y puede llevar a un mayor nivel de confusión y desesperación, así como no sacar conclusiones negativas.

Cada persona es diferente, como también lo es el tiempo que necesitan para empezar a “digerir” la noticia del diagnóstico y prepararse para vivir con la enfermedad y sus síntomas. La intervención psicológica durante ese tiempo puede ayudar mediante información médica y psicoeducación, técnicas de relajación, y todo lo necesario para que el paciente sea consciente no sólo de lo que siente sino también del por qué, y pueda expresar y descargar sus emociones.

Otro aspecto necesario es el aprender estrategias que faciliten aceptar la nueva situación y afrontarla correctamente. Para ello hay que detectar las preocupaciones, los miedos y los pensamientos negativos relacionados con la enfermedad y trabajar para sustituirlos por otros que sean más adaptativos.

La autoestima es un aspecto que se ve muy afectado, incidiendo también en el estado de ánimo, que cambiará según el estado del paciente con periodos de mejoría y otros de bajón hasta que la situación se estabilice.

Para que el estado de ánimo no se vea deteriorado el paciente debe mantener todo lo posible su autonomía. Por tanto, sería un error dejar de lado actividades y tareas que preserven su integración a nivel familiar, social y laboral. Siempre, claro está, dependiendo de las limitaciones propias de la enfermedad a las que la persona debe adaptarse.