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Niños caprichosos

Niños caprichosos

¿Un niño nace caprichoso, o se vuelve caprichoso a medida que crece? Nadie duda que la respuesta a esta pregunta es la segunda, que los niños se hacen caprichosos según crecen, ya que esta actitud depende en gran medida de la manera en que afrontan los padres los primeros caprichos. Y la forma de encararlo determinará si esto desaparece con el tiempo o, por el contrario, se convierte en un problema.

Durante sus primeros años de vida, los niños son exigentes cuando quieren algo porque no conocen ninguna otra manera de pedir las cosas. Pero existen ocasiones en que estas exigencias son extremas y, si se les niega lo que piden, se cogen un berrinche o una rabieta porque no entienden que se les niegue algo que antes sí se les daba. Y por ello son más intensos al exigirlo.

A qué edad empiezan a aparecer los caprichos
Alrededor de los dos años de edad suele ser el momento en el que un niño empieza a mostrarse caprichoso porque es una etapa en la que el pequeño aún no tiene capacidad para entender los límites y las reglas. Por eso la actitud de sus padres tiene desde el primer minuto una gran importancia, de manera que la actitud caprichosa no constituya un problema a medida que vaya creciendo.

Y es que cuando un niño es caprichoso y cree ser el centro de mundo alrededor del que gira todo lo demás, puede terminar convirtiéndose en un “niño tirano” que exigirá que le den todo lo que desea. Y no es lo mismo claudicar ante un niño de tres años que hacerlo ante un adolescente.

Todos los niños nacen con la capacidad de demandar, ya que buscan ver satisfechas sus necesidades básicas. Pero la actitud caprichosa se desarrolla cuando los padres les dan más de lo que deben. Esto es lo que provoca que los niños siempre quieran más, y no valoren aquello que tienen.

Cómo es un niño cuando se vuelve caprichoso
Generalmente, un niño caprichoso no piensa en los demás, pues sólo le importa lo que quiere y el quererlo en el momento, sin tener que esperar.

Cuando es pequeño, el niño caprichoso reclama lo que quiere con berrinches, rabietas,pataletas y sin ser capaz de tolerar la frustración. Esto se considera normal hasta más o menos los cuatro años de edad, ya que es el periodo en el que el niño va construyendo su mundo. Pero al mismo tiempo los padres, aunque el niño sea muy pequeño, deben comenzar a establecer límites.

Porque el niño crece, y a medida que lo hace crecen también los caprichos. Y si el niño ya está acostumbrado a obtener todo lo que pide, es porque la actitud hacia sus caprichos ha sido demasiado permisiva. Y esto es contraproducente para su desarrollo.

Aunque nunca es recomendable generalizar y es cierto que cada niño es único y diferente a los demás, hay ciertas característica que nos pueden avisar acerca de una actitud caprichosa:

  • Llaman la atención con pataleas, rabietas o berrinches si no consiguen lo que quieren en el momento en que lo desean.
  • No dan valor a las cosas que tienen ni al esfuerzo que supone conseguirlas.
  • Tienden a ser egocéntricos y considerar que los demás no importan y que son el centro alrededor del que gira el mundo.
  • Suelen tener malas actitudes y comportamientos.